Gran Canaria tiene forma redondeada con un apéndice en el extremo noreste, la península de La Isleta, telón de fondo panorámico de la capital de la isla,
Las Palmas de Gran Canaria.
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En tiempos, antes de la construcción del Puerto de La Luz, inaugurado en 1883 y uno de los más importantes de España, esta pequeña península lo era sólo en la bajamar, cuando emergía el estrecho istmo arenoso, de no más de 200 metros de anchura, que la pleamar cubría y de ahí el nombre de “isleta”, isla pequeña, dado por los isleños a sus 12 kilómetros cuadrados sobre los que se levantan las familiares siluetas de sus montañas. Al Este del istmo, las instalaciones y el ajetreo del puerto; al Oeste, el arrullador bullicio de la Playa de Las Canteras; de por medio, la urbanización de la ciudad que separa drásticamente el ambiente a uno otro lado. Ni en Las Canteras se advierten los muelles, ni éstos saben nada de la playa.Gran Canaria mide 1.532 kilómetros cuadrados, lo que, combinado con la forma circular y la localización de su máxima altura (Pico de Las Nieves, a 2000 metros) en su centro geográfico, le da el perfil de una gigantesca montaña cónica muy erosionada, con frecuentes cráteres o calderas apagados y profundos barrancos dispuestos radialmente de cumbre a mar. Del noroeste al sureste, la cordillera central delimita dos grandes zonas, diferenciadas en clima y en paisaje, que los canarios denominan, genéricamente, Norte y Sur.
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Cada una de las zonas ofrece, a su vez, infinidad de microclimas distintos y enormes variedad paisajística, uno de los atractivos principales de
Gran Canaria. En una sola jornada, con suaves temperaturas los doce meses del año, es posible pasar de la costa cálida a zonas templadas de medianías, atravesar valles y bosques subtropicales o alcanzar las cumbres donde, en ocasiones, cae la nieve sin merma del sol costero. Responsables de tanta variedad, que mereció a
Gran Canaria el sobrenombre de “continente en miniatura”, son los vientos alisios que entran por el Norte y aprietan sus brumas contra el “muro” de la cordillera central, determinando una humedad y pluviometría superior a las registradas en la zona Sur, resguardada de los alisios por las montañas. Las corrientes marinas frías son otro condicionante del benigno clima grancanario. Puede decirse, en resumen, que a los alisios, a las corrientes marinas y a la orografía se deben singularidades excepcionales para la latitud de la isla, a pocos kilómetros del riguroso desierto sahariano.
A la Guía de Canarias